viernes, 17 de junio de 2011

Algunas ideas para la clase de Teología.


Por Luis E. Llanes.
Revisado y ampliado por Alba L. Llanes.

La Teología, de por sí, tiende a ser tediosa y cansadora. Si el maestro no le pone dinamismo a la clase, por medio del uso de métodos y recursos adecuados, la apatía y la indiferencia harán presa fácil de los alumnos. Esa es la razón por la cual, lo primero que tiene que hacer el docente es captar la atención e interés de los estudiantes hacia la doctrina que va a enseñar. De inicio, ellos tienen que tomar partido en el asunto, deben sentir un alto grado de responsabilidad frente al desafío que ella presenta. Lograr esto, no es fácil, pero tampoco imposible.

A continuación, se presentan algunas ideas que pueden aplicarse:

Ideas para el inicio de la materia y para el inicio de una clase :

1º. Es necesario, que el Plan de Estudio llegue, en tiempo y forma, a manos del alumno. El primer día de clases y antes de cualquier explicación, se debe dedicar tiempo para leerlo y explicarlo, de modo que los estudiantes comprendan qué es lo que el maestro pretende enseñar, y qué espera de ellos. Una lectura participativa del Plan de Estudio, hábilmente manejada por el docente, puede permitirle comenzar a conocer, inclusive, el grado de conocimiento previo que los alumnos tienen sobre diferentes aspectos de la doctrina a tratar.

2º. Por regla general, no debe comenzarse, de entrada, a explicar la lección. Antes de hacer esto, es necesario realizar una labor concientizadora previa, y preparar sicológica y anímicamente al alumno, para predisponerlo positivamente y a favor de lo que va a aprender. Una introducción creativa, a la lección, marcará favorablemente el rumbo de la misma.

3º. Hacer un sondeo de conocimientos previos sobre el tema de la clase, es un buen método para empezar, sobre todo, en los inicios del dictado de la materia. Una pequeña evaluación preliminar, sin objetivo de calificar, puede ayudar al maestro a saber cómo enfocar cada lección. Entre las maneras a emplearse, al respecto, sugerimos:

a) Quizás una pregunta alusiva al tema, que active la mente y el interés. Esto implica opiniones diferentes que pueden ser debatibles en clase. Envíe al pizarrón a los autores de las respuestas para que ellos mismos las escriban en el mismo orden en que surjan. Posteriormente, vaya a un proceso de descarte, tachando las respuestas erróneas por medio del análisis del grupo, rescatando de otras la parte de verdad que contengan, y subrayando y recalcando las que son correctas, subrayándolas.

b) Lo estrategia anterior puede tener una variante: que en un papel, los alumnos coloquen la respuesta, sin identificar el autor. Se les da unos minutos precisos para la elaboración de la misma. Después, alguien recoge todos los papeles, y se analizan las respuestas una por una. Uno o varios alumnos pueden realizar la lectura.

c) La misma estrategia que en inciso “b)”, pero conociendo el nombre de los alumnos, para poder definir una manera más específica de ayudar a cada uno.

La aplicación de cualquiera de las dos variantes anteriores, puede propiciar un interesante debate que, desde el principio, imprima vida a la clase.

4º. Si ya el maestro conoce el estado de conocimiento previo de los alumnos, sobre el tema a tratar, puede aplicar otras técnicas de inicio.

a) Se puede también dividir la clase en grupos de tres a cinco alumnos. Cada grupo trabaja en el tema o algún tópico en particular, que dará introducción a la lección. Después, cada representante de grupo expone el pequeño trabajo realizado. Inmediatamente, viene el debate sobre los resultados de los trabajos en clase. Esto es aplicable cuando se comienza con un nuevo aspecto del asunto que se trata.

b) Si se adecua, se puede proveer un pasaje bíblico que se avenga al aspecto introductorio y que ellos hagan las consideraciones pertinentes. Después puede establecerse el debate.

c) Igualmente, se puede entregar un fragmento de algún pronunciamiento equivocado sobre el tema que se va a tratar. El texto leído en público, a la clase, puede ser analizado en forma individual o en grupos pequeños. Esta actividad puede imprimir un interesante matiz apologético a la lección, que capte realmente la atención, y llene de dinamismo la exposición y aprendizaje de la misma. No todos los temas teológicos se presentan adecuados para usar esta estrategia introductoria. El maestro adiestrado sabrá cuáles son los que realmente se presten para su uso.

5º. Como señalamos más arriba, no es recomendable comenzar la clase, explicando el tema directamente, pero es conveniente aquí detenernos para realizar algunas aclaraciones. Esta estrategia es aplicable, cuando lo que se va a ver en la clase, es continuación de una clase anterior. En este caso, es recomendable retomar el hilo del discurso previo, haciendo un repaso somero de los puntos generales vistos anteriormente. Ahora bien, existe también otro caso en que puede llegarse a aplicar la estrategia de explicación directa desde el principio: cuando el maestro conoce de antemano, que los alumnos no saben sobre el tema a tratarse y, sobre todo, existe una expectación acerca del mismo, entre ellos. Indiscutiblemente, que la exposición siempre contará con una introducción que resulte creativa, interesante, llamativa. Una pregunta retórica, una afirmación provocativa, puede llegar a capturar la atención de los alumnos, en forma inmediata. Incluirá también todo recurso apropiado e interesante que ayude al desenvolvimiento de la misma.

Ideas para el desarrollo general de las clases:

1º. El uso del discurso y la explicación del maestro. Indiscutiblemente que sea cual fuere el método didáctico que se esté aplicando en la clase, la explicación del maestro debe estar presente, toda vez que se presenten dudas y dificultades que los alumnos no puedan resolver. En este caso, el docente debe comunicar la información justa y necesaria, a partir de la cual los alumnos podrán investigar y ampliar.

2º. El uso del método expositivo como soporte básico de una clase. Sobre esto, cabe señalar lo siguiente:

a) El uso reiterado del mismo, clase tras clase, no es recomendable, pues el proceso educativo se vuelve magistrocéntrico, y los alumnos se conviertes en objetos pasivos de la acción educativa.

b) Pero, por otra parte, dejarlo de emplear completamente, tampoco es recomendable, sobre todo cuando se van a abordar ciertos y determinados temas que por su grado de dificultad requieren de una acertada transposición didáctica por parte del docente.

3º. El uso de la técnica del debate grupal. Generalmente, esta técnica involucra algunas variantes. Partiendo de las bases de la división en dos o más grupos:

a) Puede dárseles un tema específico para que investiguen y debatan al respecto. Se puede, inclusive, hacer que los grupos adopten posiciones contrarias o diferentes, y que cada uno defienda su postura. Por supuesto, que al final siempre debe haber una conclusión que resalte la verdad del asunto. Esta puede ser dada por el propio maestro.

b) Sobre las bases del tema específico dado, cada grupo formulará una buena cantidad de preguntas (por ejemplo, veinte), que preparará para hacérselo al grupo contrario, el día del encuentro.

c) El día señalado, el maestro hará moderador o juez en el intercambio de preguntas, y llevará el récord de respuestas correctas e incorrectas.

d) Durante el encuentro, cada parte hará una pregunta a la otra, en forma alternada. Si nadie en el grupo conoce la respuesta, pierde el punto, pero esa respuesta debe ser dada entonces por el equipo que pregunta, pues no debe quedar ninguna duda, ni laguna de conocimiento.

4º. El uso de la exposición de los alumnos. En este caso, se divide en grupos a los alumnos, y se entregan diferentes tópicos o aspectos de un tema, para que lo investiguen y expongan. Este es uno de los métodos participativos más usados y abusados en la actualidad. La falta de parámetros y orientaciones específicas, así como muchas veces la poca participación del maestro en la actividad, hace que los resultados realmente no sean los más satisfactorios. Por esta razón, cuando hablamos de las exposiciones de los estudiantes, debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

a) El docente debe establecer parámetros claros de participación de cada integrante del grupo. Suele ser grande el peligro de que algunos alumnos se queden rezagados, y no participen en el proceso investigativo, aunque al final realicen parte de la exposición.

b) Una manera de evitar esto es establecer una lista de control que debe ser llevada por el “capitán” del grupo, o por el propio maestro, para tener el récord de la participación de cada uno. Otra manera complementaria de la anterior, es que cada alumno presente sus apuntes personales sobre el aspecto del tema que le tocó investigar.

c) El docente debe dar tiempo suficiente para que los alumnos se preparen. Inclusive, es adecuado que medie un período en el cual ellos puedan consultarlo en su preparación de la exposición. Es necesario que tome en cuenta el proceso de investigación y de formulación de la información final que habrá de usarse en la exposición.

d) Un informe escrito puede ser el complemento final del trabajo de exposición.

e) Es importante que se efectúe una evaluación de proceso en cuanto a la investigación, y una evaluación de producto en cuanto a la exposición y entrega de informe.

5º. El uso de la investigación individual o grupal acompañada de informe o ensayo, sin exposición. Este método se usa sobre todo para ampliar ciertas áreas temáticas que sean de interés particular en cada alumno, o en un grupo de estudiantes. En el caso de que se haga en forma grupal, se debe llevar un control del proceso de la investigación, y de la participación individual de cada alumno en la misma. Si el tema ha sido subdividido entre ellos, es importante que tengan una instancia de puesta en común de lo que cada uno investigó, para que todos conozcan la información extraída en forma completa. En el caso de que sea individual, de acuerdo con los objetivos del maestro, para esta actividad, este puede evaluar el proceso y el producto, o tan solo este último. Es bueno recordar que en el caso de las investigaciones, la evaluación de la adquisición de contenidos procedimentales es sumamente importante, porque responden a la concreción de los objetivos aptitudinales planteados en el Plan de Estudio.

8º. El uso de los trabajos prácticos. A diferencia de los trabajos de investigación, los trabajos prácticos tienen como objetivo reafirmar lo aprendido. El maestro puede convertir una clase o parte de esta, en una instancia de aprendizaje y evaluación colectiva del proceso del mismo, mediante una puesta en común del trabajo práctico realizado por los alumnos. Allí puede aprovechar la oportunidad para evacuar las dudas que aún queden.

Otras ideas:

A todo lo que hemos señalado, podríamos señalar también otros métodos que bien pueden servir para iniciar la lección, o para pasar a un nuevo aspecto de la misma, dentro de la clase.

1º. Se puede entregar a los alumnos un texto “disparador”, acompañado de preguntas a responder, cuya posterior puesta en común, dará lugar al desarrollo de la lección.

2º. Se puede proponer una especie de trabajo práctico preliminar, con una complejidad controlada, que sea difícil de resolver, y que motive a los alumnos a preguntar e indagar. No debe abusarse de este método, pues muchas veces causa el efecto contrario: desalentar a los estudiantes. Debe ser usado con prudencia. El maestro lo seleccionará, teniendo en cuenta diferentes criterios; entre ellos, las características del grupo al que enseña.

Todas estas ideas y otras que surjan en la mente del maestro, pueden ser incluidas de una forma sencilla dentro del Plan de Estudio.

© Luis E. Llanes. Ministerio Luz y Verdad. Puerto Madryn, Chubut, República Argentina. Alba L. Llanes. EDICI. Rancho Cucamonga, CA, USA.


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