sábado, 26 de marzo de 2011

El maestro cristiano

Por Luis E. Llanes.

Para que el maestro pueda desempeñar su ministerio con eficacia es necesario que comprenda algunos aspectos de su actividad que le ayudarán a asumir la verdadera postura ante su trabajo:

1.1.1. Responsabilidad social y divina del maestro cristiano.

1.1.1.1. Exigencia máxima de conocimientos. Requerimiento: estudio.
1.1.1.2. Exigencia máxima de experiencia. Requerimiento: práctica.
1.1.1.3. Exigencia máxima de cumplimiento. Requerimiento: responsabilidad.

En cualquier ramo en que el hombre se desenvuelva se le debe exigir un máximo de conocimientos, de experiencia y de responsabilidad para que pueda llevar a cabo su labor: ya profesional, ya magisterial, ya científica. Por ejemplo, en el caso de un estudiante de medicina, es absurda una graduación con un simple aprobado en sus estudios. Pensemos: si un paciente llega a su consulta para tratarse por un padecimiento y coincidieran sus fallas cognoscitivas con la problemática que se le presenta, no sabría diagnosticar la enfermedad, no sabría qué medicamentos recetar, no sabría qué tratamiento dar, por lo que implicaría una mala praxis y pondría en peligro la vida del paciente.

En todos los casos donde se expone la vida del paciente y en otros que reclaman un sumo grado de responsabilidad por los daños que pudieran ocasionar, debe exigirse una capacitación máxima a aquellos que tienen la responsabilidad de solucionar los problemas. Se supone que ellos son la autoridad, y de ellos no solo se exige conocimientos, sino también habilidad para moverse en su área de acción. Por lo antes mencionado es necesario, que junto al estudio, vaya adquiriendo la experiencia, la cual se obtiene con la constante práctica, investigación y disciplina permanente.

Por otra parte, su conciencia máxima de responsabilidad ante la sociedad le servirá para ejercer su profesión con dedicación, cuidado, esmero, dando lo mejor de sí para ganar la confianza de las gentes.Cuando aplicamos todo esto al educador cristiano, no podemos exigirle menos. No son cuerpos humanos los que enviaríamos al sepulcro, son almas humanas las que conduciríamos al infierno producto de los errores o falencias de la enseñanza del evangelio. Más que ante otras personas, su mayor responsabilidad está ante Dios al cual tendrá que dar cuenta de su mayordomía. Dios da suma importancia a la sana enseñanza y exige suprema responsabilidad de los que enseñan Su Palabra.

En el Antiguo Testamento, era sobre el sacerdote especialmente, que recaía la responsabilidad de enseñar al pueblo la verdad de Dios revelada a través del ministerio profético. Tanto el sacerdote como el profeta, desde sus respectivas perspectivas tenían el deber de enseñar al pueblo el camino por el cual debían andar. A ellos Dios les exigía el perfecto conocimiento de su voluntad, les exigía responsabilidad máxima para enseñar fielmente al pueblo, junto con la capacidad y habilidad para hacerlo. Dios no usaba a sacerdotes ni profetas con conocimientos parciales. Tanto los falsos profetas, como los sacerdotes indolentes eran excluidos de sus ministerios y sobre ellos caía una sentencia de juicio pos su osadía. Conscientes de su trabajo, los verdaderos profetas y los sacerdotes consagrados enseñaron, dirigieron, exhortaron, denunciaron, animaron, consolaron y conformaron al pueblo.

En el Nuevo Testamento, la actividad de Jesús no se concretaba solamente a sanar enfermos, sino que la mayor parte del tiempo lo dedicó a la enseñanza. Dedicó tiempo especial para instruir a sus discípulos y más tarde les encargó el discipulado de otros. En el libro de los Hechos y como resultado del ministerio didáctico de los apóstoles, leemos que los creyentes “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”. (Hechos 2:42) y para prevenir a la Iglesia se les alertaba sobre los “falsos maestros que introducirían herejías destructoras” (2 Pedro 2:1).

Santiago, para hacer ver la responsabilidad que asume ante Dios el que ejerce este ministerio sin un llamado específico y sin la capacitación necesaria, les alerta diciendo: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación...” (3:1). Indefectiblemente el juicio de Dios recaerá sobre los falsos enseñadores. Gentes que han desviado al pueblo del fundamento doctrinal y los han desencaminado del camino trazado por Cristo. Su Palabra dice que “perecerán en su propia perdición, recibiendo el galardón de sus propia injusticia...” (2 Ped. 2:1-4 y 12-1). Al maestro cristiano se le ha encomendado la gran responsabilidad de edificar y alimentar a un Cuerpo, la Iglesia y con plena conciencia de la magnitud de su responsabilidad y lo glorioso de su vocación debe hacer su trabajo con dedicación y sacrificio.

1.1.2. Labor edificadora del maestro cristiano (como la de un arquitecto).

1.1.2.1. Debe tener definido el objetivo de su “construcción”, porque el “plano” (planeamiento) depende de ello.
1.1.2.2. Debe elegir adecuadamente el “terreno”, teniendo en cuenta el objetivo.
1.1.2.3. Debe elegir adecuadamente el “material”, teniendo en cuenta el objetivo y el “terreno”.

Todos los dones y ministerios dentro de la Iglesia son para edificarla a ella (Efesios 4:12). Pero si hay un ministerio que se adapta muy bien a ese objetivo es el de la enseñanza. El mismo Jesús, hablando de una vida espiritual bien fundamentada, la comparó con aquél hombre que “al edificar su casa, cavó y ahondó” (Lucas 6:48). El que enseña no solo se edifica él, sino que está llamado para edificar la vida espiritual de otros.

La labor del maestro cristiano es comparable con la obra del arquitecto. La diferencia está en que, mientras el arquitecto construye edificios de hormigón, ladrillos y madera, el maestro cristiano construye la vida cristiana, y carácter de sus alumnos hasta formar a Cristo en su vida. (Gálatas 4:19). Sin embargo, el trabajo del arquitecto asienta algunos principios aplicables a la enseñanza cristiana:

1º. El arquitecto tiene que pensar primero en el objetivo del edificio que va a levantar . De ese factor depende, tanto la conformación del plano, como la elección de los materiales de construcción. El maestro cristiano edifica caracteres, personalidades, vidas cristianas hasta que alcancen la estatura requerida, su madurez espiritual.

2º. El maestro, al igual que el arquitecto, tiene que estar plenamente capacitado para conocer el “material” con que trabaja y cuáles son los elementos que va a necesitar aplicar en el alcance de su objetivo, de lo contrario estará como el hombre errante, caminando a tientas por un camino escabroso, sin rumbo fijo sin poder llegar a donde desea.

Si en verdad consideramos nuestros ministerios como una vocación divina, si en verdad pesa en nuestros corazones nuestro trabajo, tenemos que salir necesariamente del subdesarrollo profesional. Por ejemplo: algunos piensan que el objetivo principal del maestro cristiano es enseñar la Biblia. Hacen del vehículo un objetivo. No tienen en cuenta a quiénes va a enseñar, o no saben qué es lo que va a enseñar y mucho menos cómo lo va a enseñar.

En el caso de los maestros de la Escuela Dominical, aprenden de memoria el pasaje bíblico y lo repiten a sus alumnos, ya sean adolescentes, jóvenes o adultos. Años tras año dicen y hacen lo mismo sin variar. Han perdido el verdadero objetivo, la meta a alcanzar y al perderlo, las palabras se desvanecen como la neblina o la bruma y peor sin dejar huellas en aquellos a quien enseña. No tienen en cuenta edad, intereses, aspiraciones, problemáticas; derivado todo ello del desconocimiento craso de la labor que desempeñan.

Esto es un insulto al ministerio y una falta de respeto a sus alumnos. Pero esto puede pasar también a niveles mas altos como Institutos Bíblicos, Seminarios, Universidades. Uno de los problemas que venimos confrontando por mucho tiempo es la falta de maestros. Hay muchos enseñadores, o tratan de enseñar pero hay pocos maestros. Hay abundancia de pastores, de evangelistas y otros ministerios, pero hay escasez de verdaderos maestros de la Palabra. Estos niveles apuntan a otro objetivo. Ahora no es asunto de dar una aplicación práctica y espiritual al creyente en formación sobre la fidelidad de Dios para su edificación espiritual, ahora se trata de formar ministros para que ministren la enseñanza. Una lección de Escuela Dominical no llena el cometido; una palabra exhortatoria, tampoco.

El asunto es que para el desempeño cabal de un ministerio de enseñanza se necesita conocimiento y experiencia que solo el tiempo y el esfuerzo conjunto entre Dios y el instrumento, llegan a lograr un ministro de enseñanza. Si hay un ministerio en que un neófito no funciona es en éste. Si hay un ministerio donde la ignorancia no funciona es en éste. Pero como este ministerio requiere de esfuerzo, trabajo, paciencia y dedicación esmerada para su debida preparación no es fácil encontrar enseñadores que llenen estos requisitos... y qué pasa... que para llenar el vacío acudimos, lamentablemente, a lo que tenemos a la mano y lo que tenemos a mano no siempre es lo ideal por lo cual de lo que sale graduado de nuestros Seminarios o Institutos no podemos dar crédito real de los conocimientos idóneos y cabales adquiridos. Podemos llenar la pared de certificados, diplomas y títulos pero nada de eso da crédito real de conocimiento.Por otra parte es tan poco reconocido y sí tan menoscabado el ministerio del maestro que no priorizamos el respaldo debido para estos ministerios. Si hubiera verdadera visión, nos daríamos cuenta de la importancia que tienen los constructores de las columnas de este edificio llamado Iglesia.

La labor didáctica requiere de parte del maestro una disposición y predisposición óptima para el aprendizaje. Debe interesarse por su superación personal. Debe aprovechar cada cursillo, seminario, reunión de orientación a los maestros, en todo lo cual adquirirá una serie de conocimientos que le ayudará a perfeccionar su trabajo y lograr objetivos definidos.

Por regla general las organizaciones bien establecidas cuentan con una infraestructura física y docente, con un personal preparado para la capacitación cognoscitiva integral de los alumnos. Sin embargo, en muchos casos, los alumnos salen con mucho conocimiento teológico y bíblico, con conceptos generales de los ministerios, pero no con un concepto real, amplio y genuino de la naturaleza del ministerio que Dios le ha dado. Quizás sepan un poco sobre el ministerio pastoral, ya que se presupone que los seminarios son para preparar pastores solamente. En algunos casos, de una forma independiente, se crean escuelas de evangelismo.

Y yo pregunto, ¿y que dónde están las escuelas que preparen maestros para ejercer la docencia cristiana? ¿O pensamos que la docencia cristiana puede prescindir de los mecanismos científicos que requiere una verdadera enseñanza, porque lo que necesitamos solamente es haber leído la Biblia, ser un poco entusiasta, estar dirigido por el Espíritu y hablar extemporáneamente lo que viene a la mente en el momento?

Por favor, pensemos un poco más en esto e incluyamos, dentro de nuestros seminarios una especialidad postgrado que tienda a la preparación de maestros de la Palabra, no sólo de especialistas en Educación Cristiana a nivel Escuela Dominical, o con conocimientos pedagógicos para tratar con niños y adolescentes, sino de especialistas con conocimientos en Andragogía (educación para adultos), con conocimientos de metrodologías para desarrollar eneseñanza cristiana a nivel universitario, inclusive. De esta forma los pastores serán maestros y los maestros, maestros... verdaderos maestros que no solo les impulse su vocación, sino que sean avalados por su educación. En esta forma, tendremos a nuestra disposición todo un material humano capaz y disponible para ejercer un ministerio cabal.

Por otra parte, tenemos que reconocer, lamentablemente, que hay mucha indiferencia por parte de algunos que prefieren recrearse sobre la arena movediza de una enseñanza superficial y defectuosa, por no hacer el esfuerzo que conduce a “cavar y ahondar para fundamentar sobre la roca”. Un maestro deficiente producirá alumnos deficientes. “Bástale al alumno ser como su maestro”. Si como maestro tienes conciencia de que tu labor es edificar, entonces dignifica tu vida y capacítate para esta tarea, de lo contrario, dedícate a otra cosa.

1.1.3. La personalidad del maestro cristiano (1 Timoteo 1:9; 2:7).

El apóstol Pablo recomienda a Tito: “en la enseñanza, mostrando integridad, seriedad...” (2:7) En breves palabras, describe cómo debe ser un maestro cristiano implicando en ello el carácter de su personalidad. La palabra íntegro quiere decir: “completo en sí mismo” , “que posee cada una de sus partes”.

El maestro cristiano, como persona humana, necesita poner atención a cada uno de sus atributos personales. Velar por su cuerpo para poseer una buena salud es, en primera instancia, importante. De ser posible, debe estar en buenas condiciones físicas para poder desarrollar un ministerio eficaz; cuando la salud se quebranta por excesos o defectos, no rendimos ni somos útiles.

Pero más aún, el maestro cristiano debe velar por su salud mental. Su mente es una de las herramientas principales con las que trabaja. Debe tener lucidez, caridad, definición. Si atenta contra ella suministrando elementos que afecten y emboten su capacidad racional, su capacidad para discernir, para recordar, etc. será imposible desarrollar un ministerio eficaz.

Su equilibrio y control emotivo debe ser parte del carácter maduro del maestro cristiano. Ante sus alumnos debe ser el mismo maestro de siempre y no llevar al aula sus conflictos. Más bien debe orar a Dios para que lo liberte y ponga paz y tranquilidad en su corazón. Dios lo hace.

El maestro cristiano necesita tener una voluntad sometida y controlada por la voluntad de Dios. Solo una voluntad madura es capaz, con la ayuda de Dios, a superar todas las crisis. El problema es que el aula no es el lugar de descargas sentimentales, es su lugar de trabajo, y para realizarlo tiene que estar en forma.

1.1.3.1. Madurez mental o psíquica.

1.1.3.1.1. Debe ser una persona equilibrada.
1.1.3.1.2. Debe ser una persona convencida.
1.1.3.1.3. Debe ser una persona analítica.
1.1.3.1.4. Debe ser una persona flexible.

El maestro necesita un adecuado equilibrio que le permita actuar consecuentemente ante sus alumnos. Los trastornos síquicos, las manías, la neurosis, han producido daño en algunos y han sido la causa de daños en sus alumnos. Algunos casos, entre otros, han sido producto de conflictos económicos, hogareños, en el matrimonio, etc.

Esta situación produce efectos visibles y físicos. He conocido casos de maestros con tics nerviosos que ha sido el hazmerreír de los alumnos. Algunos tienen ciertas manía como hablar y a la vez entretenerse en jugar con una tiza: la tira para arriba, se le cae, la recoge, y vuelve a repetir indefinidamente las acciones. Otros pierden el rumbo o hilo de la enseñanza con frecuencia, porque están con la mente en otra cosa. Todavía se puede mencionar a otros cuyo malhumor es manifiesto en sus actitudes con sus alumnos.

Cuando el maestro entra en un estado así, y sus extravagancias son manifiestas, es necesario que los que dirigen piensen en la necesidad de ayudarlo por medio de unas buenas vacaciones hasta que sea restaurado completamente.

Quizás surja la pregunta de por qué surgen estas crisis. Es necesario entender, y repito, que la mente es el instrumento clave con la cual trabaja el maestro. Cuando la mente se recarga con exceso de estudio y sin descanso, cuando por el exceso de asignaturas tiene que hablar por varias horas en el día y durante la semana... todo esto produce cansancio, estrés, sueño, embotamiento de la mente. Es necesario darle tregua a la mente por medio de intervalos entre clase y clase. Es necesario alimentarse y nunca permitir que la saturación de trabajo y falta de tiempo corte el momento sosegado del tiempo de alimentación, de lo contrario llegaremos al límite de nuestras fuerzas y capacidades produciéndose irremisiblemente la crisis.

No nos dejemos engañar, a veces el diablo no nos hace pecar por defecto pero sí por exceso. Como alguien dijo: “Cuando no puede detenernos, nos acelera para que volquemos” En ocasiones oímos del nombre de una gran profesor: “profesor se Homilética I, II, III, IV, profesor de Teología I,II, II, IV, Profesor de Biblia I, II, III, IV, profesor de, de, de... hasta que se convierte en profesor en el manicomio. No veo ninguna gloria en eso, no somos “figuretis”. Esto no trae gloria a Dios. La carga compartida entre todos es más fácil de llevar y así preservaremos los valores que Dios nos ha dado de una crisis que puede ser irreversible. ¡Ah! Y tú profesor, recuerda que ni te las sabes todas, ni eres un “superman”. No te engañes.

Al maestro cristiano, le es necesario le es necesario poseer una mente con capacidad espiritual para el razonamiento. Hay muchas circunstancias y cuestiones con las cuales ha de encontrarse en el transcurso de su labor y cuyas soluciones no estás en los libros. Si no hay sentido común, si la mente no está ejercitada en el análisis, la creatividad y la deducción lógica con toda seguridad que tendrá dificultades en algunos casos en el proceso de la enseñanza.

El maestro cristiano necesita tener una mente analítica y despierta capaz de tener en consideración nuevas ideas, nuevos conceptos. Debe ser capaz de analizarlos sin temor a ser confundido, capacidad para deslindar la verdad del error, lo bueno de lo malo, lo funcional de lo no funcional, lo aceptable de lo no aceptable, etc. A este proceso se le llama: discernimiento.

El maestro cristiano tiene que estar convencido en su propia mente de las verdades que va a enseñar. La convicción reviste al maestro de autoridad inspira confianza al alumno.

El maestro cristiano tiene que tener bien claras en su mente las verdades que va a enseñar. Verdades que no ha entendido conceptos oscuros en su mente, principios no bien establecidos, produce una enseñanza deficiente y por consecuencia infructuosa.

El maestro cristiano tiene que ser capaz de rectificar sus errores. No siempre lo sabemos todo, a veces hemos aprendido mal, pero cuando la lumbre del conocimiento (Proverbios 6:23) y la verdad revelada iluminan su mente, como luz debe dejarla brillar. Deber permitir que la luz de la verdad brille a través de él.

1.1.3.2. Madurez afectiva.

1.1.3.2.1. Debe tener dominio propio (templanza).
1.1.3.2.2. Debe caracterizarle un espíritu afable y afectuoso.

El maestro cristiano necesita ser un individuo que tenga control completo sobre la manifestación de sus afectos. Debe buscar un equilibrio emotivo. Si, por una parte, el carácter explosivo es dañino, el carácter extremadamente pasivo o melancólico también es malo, porque atenta contra las relaciones comunicativas y sociales que tiene que tener, necesariamente, con sus alumnos.

Un maestro que un día se presenta ante la clase alegre, lleno de optimismo, y al otro día se presenta triste, reflejando en su rostro la angustia de su dilema, produce un efecto desastroso en la clase. Un maestro que un día se presenta ante sus alumnos afable y afectuoso, y al otro día se presenta, huraño, reseco y de mal humor, hace que sus alumnos le pierdan la confianza y hasta el respeto también. Un maestro que un día trata al incapaz e ignorante con extremada paciencia, y al otro día le gritonea y ofende por sus falencias se daña él mismo y daña a sus alumnos.

El maestro tiene que tener un carácter templado. Debe ser capaz de mostrarse ecuánime ante toda circunstancia, y paciente ante la incapacidad e ignorancia de algunos. La afabilidad y cordialidad tienen que ser características permanentes del maestro. Esto le hace atractivo a sus alumnos; todo sin afectación de la seriedad en la enseñanza. (Tito 2:7).

Estos aspectos son perfectamente conjugables, se complementan para hacer del maestro una persona competente. De igual forma que las afectaciones síquicas tiende a afectar el ministerio del maestro, así también los problemas afectivos, los desequilibrios emocionales, impiden el buen ejercicio de su ministerio. El maestro debe estar vigilante sobre todos los factores que le conduzcan a este tipo de crisis, pues son muchas las causas que pueden provocarlos. Debe buscar ayuda a tiempo, de aquellos que tienen la capacidad y la comprensión necesaria para apoyarlo. Más vale una pequeña ayuda a tiempo que no una ayuda grande fuera de tiempo. Pero sobre, todas las cosas ,debe buscar en el Maestro de los maestros, Jesucristo, la paciencia, la tranquilidad el sosiego y la mansedumbre que solo Él puede y sabe impartir.

1.1.3.3. Madurez volitiva.

1.1.3.3.1. Debe ser persistente y paciente.
1.1.3.3.2. No debe dejarse influenciar por las dificultades.
1.1.3.3.3. Debe ser capaz de salvar situaciones y sobreponerse a aparentes fracasos.

Santiago dice que “el hombre de doblado ánimo es inconstante en todos sus caminos”. Si hay una cualidad sumamente necesaria, es una voluntad firme para alcanzar los objetivos en la vida, y muy especialmente en la vida cristiana.

Pensemos en un escultor. A base de cincel y maza, le va dando forma a la deforme roca. Paciente, persistente, día a día, logra sacarle a la roca marmórea la imagen preconcebida. El maestro cristiano es escultor de caracteres, de personalidades, de vidas espirituales, de ministerios. Con el cincel de la Palabra, con la maza de la oración, sobre el altar de la dedicación y la decisión de una voluntad fuerte, va viendo día a día recompensados sus esfuerzos.

La enseñanza es un ministerio cuyos frutos se logran a largo plazo, pero asegura la cosecha. Asienta bases sólidas en el presente para lograr un futuro estable, seguro, eficiente y fructífero. Es el método más demorado pero que hace provisión para soluciones seguras. Es la solución anticipada de problemas futuros. Es la correctora de anormalidades incipientes en el presente para evitar males posteriores. Comienza con el amanecer, termina con el anochecer.

Consciente de todo lo que lleva implícito el ministerio de la enseñanza, es necesario que el maestro cristiano no se deje influenciar por las actitudes que se presentan en el ejercicio de su ministerio, sino que con tesón sea capaz de salvar soluciones embarazosas y sobreponerse a posibles fracasos; capaz, también, de condescender y ponerse al lado del ignorante, del lerdo en el aprendizaje, mostrando el mismo espíritu de ayuda que muestra al capaz y adelantado. “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero”. (2Timoteo 2:6).

2.1.4. La ética del maestro cristiano.

La ética es la disciplina que trata de las leyes que rigen las relaciones humanas. El maestro está tratando diariamente con sus alumnos y, como es natural, existen ciertas leyes especiales que rigen esas relaciones. El ignorarlas u olvidarlas impediría el proceso normal de su ministerio; conocerlas y aplicarlas conduce al logro de sus propósitos.

1.1.4.1. Aspectos:

1.1.4.1.1. Interrelación maestro-alumno.
1.1.4.1.2. Correlación maestro-alumno.
1.1.4.1.3. Comunicación maestro-alumno.
1.1.4.1.4. Correspondencia maestro-alumno.

Si no existieran alumnos, los maestros estarían de más, ya que lo que el maestro es lo es en relación a sus alumnos. El maestro está hecho para el alumno; el alumno está hecho para el maestro. Hay una relación de principios, de leyes que actúan en estas relaciones. El alumno conoce su posición ante el maestro, reconoce la superioridad intelectual del maestro; reconoce su dependencia de su maestro para el aprendizaje, reconoce que el maestro tiene cierto grado de autoridad sobre él. Quizás pudiéramos decir que es algo intuitivo en el alumno. Por otra parte al maestro le corresponde, ayudarlos y enseñarlos, aprovechando: primero, su posición y segundo, la predisposición del alumno para ser enseñado. Los alumnos esperan, conscientes o inconscientes, el máximo de sus maestros. El maestro debe constreñir al alumno a dar el máximo de sí correspondiendo a su esfuerzo. A esto es a lo que llamamos correlación maestro-alumno.

1.1.4.2. Actitud del maestro hacia el alumno.

1.1.4.2.1. Debe marcar siempre un límite de confianza, manteniendo su posición.
1.1.4.2.2. Debe valorarlos como seres humanos (criaturas de Dios).
1.1.4.2.3. No debe denigrarlos ni en presencia, ni en ausencia de ellos.
1.1.4.2.4. No debe resaltar sus defectos, ni burlarse de ellos, ni permitir que otro asuma esa actitud, en su presencia. Debe ser defensor.
1.1.4.2.5. No debe parcializarse.
1.1.4.2.6. Debe ser reservado, sobre todo en relación a las cuestiones privadas de los alumnos.
1.1.4.2.7. No debe transmitir sus problemas ni conflictos de carácter personal.

© Luis E. Llanes. Ministerio Luz y Verdad. Puerto Madryn, Chubut, Rep. Argentina.

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